Fe por un día

Hoy es un día especial. Es Viernes Santo y muchas personas sacaron su pase por un día para transitar por la carretera del catolicismo -nótese la pésima analogía con el tag santiaguino- a velocidades impresionantes y conscientes que a partir de mañana no transitarán por ahí, quizás hasta el próximo año.

Comercio cerrado, calles vacías y la poca gente que hay transitando lo hace con un escalofriante silencio. Y en la mayoría de las mesas abunda el pescado o los mariscos y escasea la carne, todo esto bajo el concepto e idea de que es un día de recogimiento y de austeridad -como si los alimentos marinos fueran baratos-.

El concepto de semana está obsoleto. No tiene sentido que se hagan actividades personales para manifestar la fe, si durante el resto de los días del año no se vive la fe como corresponde. Muchos blasfeman, otros cometen actos herejes en distintas medidas y la mayoría no asiste a misa.

Con esos antecedentes, ¿vale la pena celebrar semana santa? ¿Por qué no mejor seguir con la vida normal y los que verdaderamente lo sientan viven su propio recogimiento? Es una buena opción para evitar el aumento de hipócritas en esta fecha del año.

Mención aparte tiene el alto índice que asocia estos días con el conejito de Pascua en vez de la celebración de la muerte y la resurrección de Jesús.


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