Buenos Aires eléctrico (desde la capital argentina)

Mientras escribo, veo por la ventana como el oscuro cielo bonaerense se ilumina por los relámpagos que serpentean entre las nubes. Quién iba a pensar que un día que empezó tranquilo y soleado iba a terminar de esta manera.

Durante todo el día el calor fue ahogante, más aún cuando tomé el subte que me llevó hasta la estación Florida para recorrer el centro de esta ciudad. Ahí, nmerso entre librerías, tiendas de cuero, cafés y gente, se me pasó la mañana y casi media tarde.

Motivado, después de tanto shopping, decidí recorrer la calle Corriente -esa tan conocida por sus teatros- hasta llegar a 9 de Julio, en pleno Obelisco. Luego de las fotos de rigor y de contemplar las inmensas y anchas avenidas que la rodean, seguí mi rumbo.

Del Obelisco a la Casa Rosada -Palacio de gobierno argentino- hay cerca de seis cuadras aproximadamente, las que son un agrado recorrer cuando vas observando a la gente que transita absorta en sus propios problemas.

Una vez que se llega a la Plaza de Mayo -se encuentra al frente de la Casa Rosada- se puede gozar de la tranquilidad que solo se quiebra con los gritos de algunos niños que juegan con las docenas de palomas que comen maiz en el lugar.

Otras siete cuadras, hacia el oeste de la plaza -espero estar correcto con mi ubicación- se encuentra el barrio de San Telmo, donde en una callecita llamada Chile se encuentran varios bares, siendo un buen lugar para disfrutar de una cerveza -puede ser Quilmes, para los amantes de la rubia suave, o Stella Artois, para los amantes de la rubia con cuerpo- y de una entretenida conversación con los amigos.

Cuando comienza a caer la noche, lo mejor es volver al lugar de origen, para evitar el movimiento de millones de personas que vuelven a sus hogares después del trabajo -en caso de que se ande en metro- o los miles de vehículos que transitan las anchas avenidas bonaerenses -para los que andan en auto-.

Llegando al departamento donde estoy bolseando alojamiento, escucho ruidos de cacerolas que aumentan a medida que pasan los minutos. Es el pueblo argentino que demuestra su rechazo al discurso dado minutos antes por la Presidenta Fernández, quien justificó el aumento de un impuesto a la exportación del grano, lo que molestó a los agricultores argentinos.

El descontento es general y cada vez las calles se llenan de personas que protestan, bajo la mirada de la gente que se asoma por las ventanas de los departamentos, golpeando sus cacerolas con ritmos disparejos y tonos distintos.

La Plaza de Mayo, la misma que disfrutaba de tranquilidad, cada vez se llena más de gente. Los medios cubren la noticia como “la protesta de las cacerolas”, mientras tanto, un grupo de piketeros a favor de Fernández se reúne para defender a su Presidenta.

La ciudad se para, se divide y se pelea. Por un lado los “campesinos” y por otro los “oficialistas”. La cosa se ve dura, se gritan de todo, algunos llegan a golpearse, y el barullo cada vez aumenta más.

La protesta se extiende por alrededor de tres horas, hasta que el cielo se ilumina y se escucha un tronar que silencia a la gente. Todas las miradas se dirigen al cielo. Es hora de partir, las nubes están molestas y la lluvia es inminente. “Campesinos” y “Oficialistas” regresan juntos a sus hogares, ya no discuten, no les importa el mensaje presidencial, solo les interesa volver a sus casas pronto y secos.

Mientras termino de escribir, la lluvia ha aumentado. Los relámpagos son más continuos y solo queda en la calle la tranquilidad de un Buenos Aires que minutos antes se expresó, buscando imponer sus términos, para construir, quizás, una sociedad mejor. Este fue el Buenos Aires eléctrico, ese que pasa en cuestión de segundos, y sin aviso, de la tranquilidad a la revolución, como un cielo que recibe a la tormenta que no ha sido invitada.

 


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Comentarios

  • Siva dijo:

    Nunca he leeddo Jonah Hex pero sed que me llamf3 la atencif3n esta nueva serie al ver que este1 amebnitada en una antigua Gotham. Y tengo que reconocer que el comentario de Jose9 Luis ha terminado de convencerme. Tiene muy buena pinta.

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