Buenos Aires en vivo (desde la capital argentina)
De que Argentina es un paÃs de grandes músicos, no hay duda. De que en Argentin a el rock es importante, tampoco. De que en Argentina el rock se vive, menos. Eso fue lo que pude constatar hoy -o ayer, para los más exigentes- en el dÃa 1 del Quilmes Rock 2008, quizás el dÃa más rockero de este festival.
Ya llegando al estadio me pude dar cuenta de lo que se venÃa. Una marea de poleras negras se dirigÃa tranquilamente hacia el Estadio de River Plate. Miles de pelucones conversaban sobre lo que vendrÃa en la jornada, mientras escuchaban rock del bueno que salÃa de los centenares de autos estacionados en el sector, además, se podÃa sentir en el ambiente que habÃa ansiedad por ver los cinco recitales programados.
El festival prometÃa en su primer dÃa. Dos grupos del estilo sandÃas caladas -el nü metal de Korn y el rock del gran Ozzy Osbourne-, un local -el heavy metal de Rata Blanca-, uno no muy popular, pero bueno -Black Label Society- y otro muy desconocido -los argentinos Carajo- aparecÃan en el menú musical, lo que marcó una jornada que fue de menos a más.
Carajo dió el riff inicial al festival, con un estadio que aún no se llenaba y un público de cancha un tanto frÃo, quizás por el calor que impedÃa realizar cualquier mÃnimo esfuerzo fÃsico, o si no porque simplemente no prendieron con la música, que además sirvió de prueba de sonido, por lo que las fallas fueron varias, como por ejemplo la pérdida del micrófono del vocalista o los constantes saltos de la baterÃa.
Luego vino el power de Black Label Society, la banda de Zakk Wylde -el excelente guitarrista que Ozzy Osbourne descubrió a comienzo de los noventa en un casting-, que encendió los ánimos y demostrando que la mayorÃa de los presentes estaban ahà por el ex Black Sabbath.
Una espera de 20 minutos fue lo que separó el show de Black Label con el de Rata Blanca, quienes como un Angel bajaron del cielo del metal para cautivar al público recordando la sensualidad de una Mujer Amante. Mención honrosa tiene el solo hecho por el guitarrista Walter Giardino, que terminó con la interpretación de Confortably Numb de Pink Floyd.
Finalizado el acto del grupo argentino, vino el momento freak del dÃa, cuando un grupo desconocido amenizó el tiempo de espera mientras se instalaba Korn, tocando covers de rock argentino de los años setenta. En la segunda canción empezaron a sentir el rechazo del público, que se transformó en una guerra declarada cuando comenzaron a lanzarles botellas y cuanta cosa encontraban, lo que motivó la reacción del vocalista, quien, emulando al fastidiado Roger Waters de la gira Animals de fines de los setenta, escupió al público, parando la canción y retirándose del escenario. Al final ganó el “monstruo”, que solo quedó con un herido, el martir que recibió el mencionado gargajo.
La cosa comenzó a encenderse cuando apareció Korn con todo su poder, haciendo saltar a la gente presente en el estadio, llegando al éxtasis cuando tocaron Freak on a Leash, formándose varias rondas de energúmenos que se dedicaban a golpear a quien se le cruzara por delante. Todo un espectáculo para quienes estábamos en las tribunas, no lo creo para quienes rodeaban el cÃrculo de rondas.
Ya bien entrada la noche, a eso de las 22.30 hrs. apareció en un Crazy Train el ángel negro, ese que entretuvo a mucha gente con su parodia en MTV. El gran Ozzy Osbourne, quien con un estado más atlético que el que veÃamos en su reality, hizo saltar a todo el estadio con sus canciones y con los recuerdos de Black Sabbath, tocando los ya clásicos Iron Man y Paranoid.
Con I Don´t Want to Change the World temrinó todo. Como si fuera una petición de Ozzy para que las cosas sigan tal cual como están y podamos seguir escuchándolo por muchos años más. Por ahora, solo quedan los recuerdos de una jornada de rock intenso, la que ojalá sirva de inspiración para que en Chile se repita este año el Vive Latino que tanto éxito tuvo en el 2007.