El Viagra cumple 10 años: Y lo estamos tomando como si fuera agua

En septiembre de este año se cumplirá una década desde la llegada a Chile del Sildenafil. Dicho de esta manera, el hito no tiene ningún significado. Pero Sildenafil es el principal compuesto del Viagra, la pastillita azul que ha cambiado la vida sexual de millones de personas en todo el planeta. Acá en Chile, las ventas anuales de este medicamento se empinan por sobre los 6,5 millones de dólares. Y entre sus consumidores no hay sólo sujetos con problemas de disfunción eréctil, sino también muchos jóvenes que quieren experimentar a la hora del sexo, que buscan quedar como campeones en la cama o que simplemente son inseguros y usan la pastilla como una muleta sexual.

En un comienzo, la ya famosa píldora azul se vendía bajo prescripción médica, y el farmacéutico retenía la receta. Pero sus casi mágicos efectos la popularizaron rápidamente (no sólo entre los hombres, evidentemente), y en el 2001 pasó a venderse sin receta.

El Viagra nació en Estados Unidos, a partir de un experimento que buscaba un remedio contra el infarto. Los pacientes que se sometían a los tratamientos de prueba notaron un curioso efecto secundario: el corazón seguía andando normalmente, pero había otro órgano que se paraba. No tuvo que pasar mucho tiempo para que los ejecutivos de ese laboratorio, Pfizer, comenzaran a explotar el nuevo invento.

Han pasado poco más de diez años desde el lanzamiento del Viagra (a Chile llegó en septiembre de 1998), y hoy el mercado de la disfunción eréctil -así le dicen en los laboratorios- se ha ampliado considerablemente.

A la pastilla azul se han sumado el Levitra, más potente aún que el Viagra, y el Cialis, que permanece en el organismo durante 36 horas y es conocido como “la pastilla del fin de semana”. Lo curioso es que casi la mitad de quienes compran estas pastillas son jóvenes sin ninguna disfunción sexual. Es gente que tiene menos de 30 años y que se automedica buscando mayor potencia sexual o para paliar las inseguridades propias de la falta de experiencia.

De acuerdo a los especialistas, un joven que recurre al Viagra es como un Ferrari pichicateado. O sea, algo absolutamente innecesario y absurdo. Sin embargo, las farmacias ven cada vez más jóvenes que van en busca de esta clase de remedios.

Jorge García, farmacéutico en el local SalcoBrand de San Antonio, en el centro de Santiago, lo confirma. “Cada vez los jóvenes las compran más, sobre todo en los últimos dos años. Los chicos se acercan con un poco de vergüenza, como cuando vienen por condones, y siempre prefieren que los atienda un hombre.Pero cuando ya han venido dos o tres veces, como que se sueltan y les empieza a dar lo mismo”.

Curiosos e inseguros

En estos tiempos, una mujer insatisfecha puede destruir la reputación sexual de cualquiera con sólo recurrir a su blog o a Facebook. Es cierto: una mala noche puede arruinarte para siempre. De ahí que la inexperiencia y, sobre todo, la presión por tener un buen rendimiento sean factores claves para explicar por qué estamos comprando un remedio que se creó para viejos.
Claro, todos dicen que lo prueban por curiosidad, para ver cómo funciona.

Acá en Ctrl+Z, donde no nos pisamos la capa entre superhéroes, creemos que la verdad está siempre en un punto intermedio. Y que la inseguridad y la curiosidad van de la mano a la hora de explicar el impensado consumo juvenil de estas pastillas-muleta.

Rodrigo, que en realidad no se llama así, tiene xx años y estudia ingeniería en la Universidad Católica. De entrada, asegura que no tiene problemas para lograr una erección y que decidió probar estos fármacos “para ver qué pasaba”. “Un amigo médico me contó que la había probado un par de veces y que era efectiva y sin riesgos. Además, hace unos años estuve en Venezuela, y allá me contaban que era habitual tomarla en los carretes porque te prende y andai más caliente. Yo junté las dos historias y dije ¿por qué no?”. La primera vez compró varias pastillas sin ningún problema, en una farmacia Galénica. “Te dan dos por $1.980, así que tampoco es tan caro. Como todavía tengo algunas, se las regalo a mis amigos cuando están de cumpleaños”. ¿Y el efecto? Rodrigo asegura que se produce muy rápido, pero que se requiere estimulación. “La pastilla no funciona sola. La sensación que se produce es bien cuática, ya que con poco esfuerzo logras lo mismo que si tuvieras todos los afrodisíacos en el cuerpo. Y te quedas así,como roca, durante una hora. Pero si no tienes estimulación física no pasa nada, a menos que seas un huevón muy caliente”.

Pero más allá de las ayudas químicas, para Rodrigo las pastillas no son una solución mágica. Si en la cama te mueves menos que acuario de machas, ninguna pócima farmacéutica podrá salvarte. “Lo que uno tiene que saber de partida es que estos remedios hay que saber ocuparlos”, concluye.

Puntitos azules

Pese a que, en primera instancia, estos medicamentos parecen inofensivos, los especialistas en temas sexuales no los recomiendan. De acuerdo al andrólogo Miguel Seminario, director médico de Inusmed, lo que estamos buscando cuando consumimos Viagra y otros a tan temprana edad es seguridad.

“(Estos fármacos) le permiten a un hombre joven, con poca experiencia, evitar el fracaso. Y eso facilita tener una segunda relación buena, una tercera y así”.

Seminario asegura que no existe peligro físico al ingerir estos remedios, pero que sí se corre el riesgo de crear una dependencia sicológica. “Puede ser que, al comparar su rendimiento con y sin el medicamento, la diferencia lo lleve a no querer dejarlo. Y en este caso se puede necesitar a un especialista que ayude a superar el problema”.

Algunos aseguran que Viagra y sus similares ayudan a combatir la eyaculación precoz, pero el especialista Seminario afirma que esta disfunción tiene que ver con factores hereditarios y de estrés, no con la duración de la erección. Claro que también matiza: “Se ha descubierto que, efectivamente, el Viagra y otros aumentan la duración del coito”.

Rodrigo, con su experiencia de primera mano, asegura lo mismo. “Yo tengo un amigo que sufría eyaculación precoz y el doctor le recetó antidepresivos. Pero entonces le bajó la libido y al final quedó en las mismas. Un día yo le di un Levitra y le fue mucho mejor, le sirvió para controlar mejor ese tema”.

El doctor Seminario, por otra parte, aconseja irse con cuidado y evitar el consumo excesivo de estos fármacos. “Se están negando el mejor de los estimulantes sexuales, que es la parte romántica y emocional de la pareja. Remplazar todo eso por una pastilla no es conveniente ni recomendable”, concluye el médico.

Por su parte, Rodrigo no toma pastillas cada vez que le salta la liebre. Pero si viene una ocasión especial, no ve razones para no usarla. “Cuando uno lee el papelito que viene dentro de la caja -explica-, te asustan diciendo que podís ver puntitos azules, pero eso es en el peor de los casos y a mí no me ha pasado nunca nada, entonces ¿por qué no tomar?”.

Reportaje hecho por mi y publicado en Ctrl+Z


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