Fauna playera

Siguiendo las huellas de Jacques Cousteau, Discovery Channel y el Profesor Rossa, nos instalamos con unos binoculares y un cuaderno de notas a observar la fauna playera que por estas fechas invade la costa. Aquí, las especies más notorias. Lo bueno (¿lo bueno?) es que ninguna de ellas está en peligro de extinción. Ilustraciones de Francisca Meneses.

tapaEl guardián de la parrilla

Reconocerlo es fácil, ya que tiene un bronceado con el fascinante tono cochayuyo, un traje de baño rojo tirando a rosado y un cuerpo grueso al estilo del tiburón Contreras, claro que con harta más guata. Esta última se debe esencialmente a la inactividad del invierno: como no hay playas para cuidar, este espécimen se dedica a vigilar la parrilla.

El pyme playero

Este es el clásico emprendedor que se anticipa a las necesidades del veraneante, con el fin de hacer crecer la economía local. Premunido de barquillos, quitasoles o aviones de plumavit, esta especie suele cubrir grandes extensiones de terreno. Es posible divisarlo a gran distancia, porque casi siempre viste de blanco y casi siempre está lanzando alaridos para llamar la atención del resto de la fauna.

La vieja achoclonada

No se sabe si es víctima o victimaria. Con la excusa del trabajo, el marido la ha enviado a la playa con los cuatro hijos, dos sobrinos y un vecino. La idea es que el grupo familiar se quede todo el tiempo en la playa, mientras en Santiago el jefe de hogar se dedica a tomar cerveza, hacer asados y visitar a la sucursal. Pero como la vieja achoclonada conoce los planes de su marido, o al menos los intuye, se venga vía billetera: compra todo lo que la tropa de pendejos le pide, se da dos o tres gustitos por día y entre medio descansa del tarado que se quedó en la capital.

artesaEl artesa jote

Con su pelo largo, una barba cuidadamente descuidada y ropa comprada en alguna feria artesanal, este ejemplar da la impresión de no causar daños, pero ojo con él. Casi siempre se acerca a grupos de hembras, con el fin de vender aros y demás chucherías que, asegura, él mismo fabrica, pero que se nota que vienen de Los Cobres de Vitacura. Su ritual de apareamiento comienza cuando elige a la más rica de las hembras, y le regala un par de aros. Sin saber cómo, la víctima terminará sentada junto a una fogata y cantando canciones de Sui Generis, señal de que el artesa jote ha vencido otra vez. Cuando termina el verano, eso sí, este ejemplar debe cortarse el pelo, afeitarse y cambiar de indumentaria. De lo contrario, no lo dejarían entrar a la escuela de Derecho, donde cursa segundo o tercer año.

El pendejo ladilla

Suele merodear en las cercanías de una vieja achoclonada. Cuando se juntan dos o tres de ellos, se habla de plaga. Su insensato comportamiento incluye tirar arena cuando corre, hacer escalopas, hacer hoyos, pedir helados, pedir palmeras, pedir aviones de plumavit, hacer castillos justo en la zona para jugar paletas y de vez en cuando llorar porque tuvo algún conflicto con otro de su especie. Los responsables de pararles el carro casi nunca actúan, porque está de moda creer que si uno reta a un pendejo ladilla éste sufrirá daño sicológico.

Quiltro acuático

Es la envidia de los perros de raza. Se mueve libre por la playa, se mete al agua cuando quiere, persigue a las gaviotas, molesta a los que juegan paletas y se sacude el agua y la arena al lado de las personas que están acostadas tomando sol. Lo mejor es que no importa su apestoso olor a perro mojado, ya que siempre hay una persona amante de los animales que le hace cariño y le da lo que sobra del pan de huevo o el barquillo.

ricaLa rica exhibicionista

Ella es una de las principales razones para ir a la playa. Suele caminar por la arena como si fuera una pasarela. Cuando sale del agua juega con su pelo, se acomoda el bikini y deja que las gotas caigan por su cuerpo, lo que deja turnios a un 75 por ciento de los giles que estan en la arena (el 25 por ciento restante es gay o llegó a la playa con la bruja). El problema con la rica exhibicionista es que es argentina. Y cuando es chilena, resulta incluso más engreída.

La vieja sapa

Se dice que existe sólo en las playas chilenas, pero nos resistimos a creerlo. ¿Cómo va a ser tanta nuestra mala cueva? Siempre bajo un quitasol, este especimen se dedica a observar atentamente a los demás representantes de la fauna playera, con el fin de ir deslizando sus ácidos comentarios. Ejemplo: “Fíjate, Luchín, esa rucia teñía del trajebaño a rayas se puso demasiada silicona”. El pobre Luchín, que viene a ser el marido, casi siempre se avergüenza de los comentarios de su mujer, y por eso permanece durante todo el rato con la nariz enterrada en el diario, o quizá en algún libro.

El viejo de los binoculares

Él dice que es un apasionado de la estética. Pero todo el mundo sabe que es un viejo caliente, que se ha comprado los mejores binoculares posibles para ver de cerca a esas lolitas a las que jamás podría acercarse. Su buena memoria le permite llenarse de bellas imágenes para todo el año, aunque su mala vista no le permite filtrar y encuentra a todas ricas.

quemadoEl pancora

Este ejemplar es la viva demostración de que siempre hay alguien que por primera vez visita la playa (nadie puede ser tan huevón como para cometer dos veces este mismo error). A los pancora se les reconoce por el bronceado ridículamente rojo y doloroso. En ciertas ocasiones, olvidaron quitarse la camiseta sin mangas o se durmieron con los calcecintes, y en esos casos los científicos hablan de una “pancora real”. Como una manera de pasar piola o evitar el ridículo, suelen ponerse protector solar en la nariz. Obvio que no les funciona.

La musulmana

Si hay una especie que sufre las inclemencias del calor en la playa, ésa es la musulmana. No estamos aquí ante una seguidora de Alá, sino ante la clásica mujer acomplejada que no quiere ponerse trajebaño porque se siente gorda o fea o vaya uno a saber qué. “Es que no tengo calor, tía”, es su frase más típica. Se recomienda no acercarse mucho a ellas: tras una hora bajo el sol, comienzan a oler a Transantiago.

gordaLa gorda con cuento

Al contrario de la musulmana, a la gorda con cuento no le vienen con pudores ni vergüenzas. Ella se pone nomás el bikini, igual que la amiga de la Presidenta, y exhibe por toda la playa su robusta belleza. Sin duda, ha visto demasiadas veces el comercial de los jabones.

El enterrado

Tradicional víctima de los amigos chacoteros. Producto de la intensa juerga playera de la noche anterior, duerme profundamente la siesta en la playa, instancia ideal para que los amigos lo tapen con arena, dejando solamente la cabeza afuera. Es ideal para sacarle fotos que se pasearán por Facebook por lo menos hasta abril.

El borracho

Es un ave mañanera. Tras esas largas jornadas de carrete, este espécimen se queda dormido y casi inconsciente en la arena. Para muchos parecerá que está muerto, pero no. A eso de mediodía, tras sufrir severas quemaduras de sol, algún pendejo ladilla lo despertará usando un palo.

bronceadaLa vieja carbonizada

Señora sexagenaria, con un bronceado achocolatado, de cuerpo delgado y bien arrugado, que se pone bikini, por lo general de color rojo intenso y con el pelo rubio platinado. Lo único que no tiene arrugado es la cara, ya que se ha hecho varios recauchajes. Se le puede ver acompañada casi siempre por un treintañero pintoso, que se la come esperando una buena herencia.

Los bakanes

Grupo de amigos que van a la playa a tirar pinta y a mostrar quién tiene la pichanguera más sucia y larga. Se les puede ver en grupos de cinco o más, todos con poleras compradas en Bandera y con el cuello cortado, como signo de bakanidad. Por lo general toman chela en la playa y la dejan a la vista, para que todos vean lo choros que son.

Los rugbistas

Grupito de musculosos buenos para la mocha. Por lo general son compañeros de algún colegio con nombre en inglés, que jugaban rugby en la época escolar y llevan la pelota ovalada para todas partes. De escaso nivel comprensivo, parecen una manada de cavernícolas más que un grupo de jóvenes.

sobradoArgentino agrandado

Engendro del vecino país, que anda siempre con un termo lleno de mate, como demostrando que es argentino. Tiene una mirada soberbia, como sintiéndose campeón del mundo en un país cuyo único logro ha sido ser tercero en un mundial, se viste siempre con la camiseta de la selección argentina y anda con una pelota chica colgando.

Los reyes de la ola

Este ejemplar sigue siendo uno de los grandes misterios de la ciencia. ¿Por qué alguien lleva una tabla de body o de surf a una playa en la que casi no hay olas, o en la que éstas no tienen ni un brillo? Seguiremos investigando.

Team de verano

Estas son unas modelillos que se pasean por las playas creyéndose la raja, vestidas con uniformes diminutos y realizando actividades supuestamente entretenidas, como bailar reguetón y reventar globos como si la playa fuera una despedida de soltero. Son una de las principales presas del viejo de los binoculares.


Tagged as: