La tele, antes y después de J.J.

Con 42 años, J.J. Abrams forma parte de la historia de la TV. Artífice de series como Lost o Fringe, este gran creador tiene mucha tele para cortar. Lea el perfil publicado en Espoiler.

JJabramsUna de las cosas que más le gustan a Jeffrey Jaco Abrams —de aquí en adelante J.J.— es armar personajes verosímiles y reales, luego minarles el camino con situaciones extraordinarias, abandonarlos en tramas laberínticas y dejar que ellos solitos encuentren la salida –su destino-, que nunca será a través del camino convencional.

A pesar de que sus detractores –no muchos, por cierto- lo critiquen por complicar y llevar las tramas a niveles demenciales, e incluso ridículos, desde el inicio de su carrera J.J. demostró un interés genuino por llegar a la mayor cantidad de gente posible, aunque no por ello se muestre dispuesto a pagar cualquier precio. Su convicción se basa en que el espectador no pondrá barreras para creer en una historia, por más fantasiosa y extraña que ésta sea, siempre y cuando crea en los personajes.

Totalmente de acuerdo. No hay ninguna duda al respecto. Aunque a esta altura de las circunstancias surge una pregunta inevitable que se impone por sí misma, y que va más allá de la verdad de los personajes: ¿tiene J.J. previsto un final para la increíble y aún más extraordinaria trama de Lost?

La respuesta, como no podía ser de otra manera, es afirmativa. El final de la serie ya está escrito. Lost concluye para siempre en el 2010, y la cadena ABC ya aceptó el capítulo que cierra la sexta y última temporada. Por lo tanto no resta otra cosa que relajarse, y disfrutar.

Acerca de J.J.

Este muchacho de pelo crespo, lentes de aumento y cara de niño eterno con síndrome de Peter Pan, nació en Nueva York el 27 de junio de 1966, pero se crió en Los Angeles, escenario más que propicio para encarrilar sus inquietudes artísticas.

Los datos de su biografía lo presentan como alguien de espíritu inquieto y multifacético: productor, escritor, actor y compositor de la música de sus propias series, además de director de cine y televisión. J.J. es uno de esos afortunados que, desde pequeños, tuvieron en claro cuál era su vocación y su destino.

Al parecer, sus gafas no son tanto producto de copiosas lecturas nocturnas —como sucedía con los creadores de otros tiempos—, sino más bien de interminables sobredosis de rayos catódicos en sus horas impúberes, un rasgo generacional que comparte con millones de personas que, igual que él, crecimos y nos formamos viendo la tele.

En la adolescencia, trabajó a cuatro manos con un amigo en el tratamiento de un guión que no mucho más tarde se convertiría en película. Se trata del film Taking Care of Business, que al poco tiempo de haber sido escrito fue protagonizado en la pantalla grande por el actor James Belushi.

Si bien para lograr este objetivo tuvo que golpear la puerta de varios productores, una vez alcanzado el éxito las cosas comenzaron a resultarles más sencillas y felices. Así, de manera veloz, y como por un tubo, el muchacho se fue consolidando como guionista.

A esta primera película le siguieron otras, hasta que finalmente en 1998 se inició en la tele con la serie Felicity, creada, guionada y producida por él: un éxito rotundo que se mantuvo en pantalla a lo largo de cuatro temporadas.

Hiperquinético, y en pleno éxito de Lost, J.J. no dudó en desprenderse de su criatura más exitosa para ponerse a trabajar en una nueva serie, a la que bautizó con el nombre de Fringe. Su propósito inicial fue contar una historia de ciencia ficción que se pudiera ver sin necesidad de seguir cada capítulo a rajatabla, al mejor estilo ER, aunque salvando las diferencias.

Libertad en la pantalla pequeña

lostJ.J. no duda de que los grandes creadores de la actualidad están explorando su mismo campo: la televisión, a la que le reconoce la virtud fundamental —si se la compara con el cine— de ofrecer mayor libertad para la experimentación.

—La ventaja que tiene la tele es que permite probar —dice J.J. Abrams—, contar historias más largas y desarrollar personajes. En el cine, por ejemplo, no tienes tiempo. Por eso el reto más importante para mí es hacer historias imposibles, pero que a la vez sean creíbles. Aunque a veces, es cierto, resulten un poco enrevesadas.

Así de simple es su receta. Y lo cierto es que, hasta ahora, no le ha ido nada mal.


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